Otra aventura nos llevó ya hace tiempo a los Picos de Europa, quizá en esta ocasión cuando nos sacamos el carné de pisaprados primer dan.
Todo se gestó durante el concierto de ACDC en el Calderón, animados por los litros de mahou decidimos ir un fin de semana entero a Picos y hacer un par de rutas, una de ellas estaba clara, el sábado nos iríamos al Mirador de Ordiales y el domingo… pues el domingo ya veríamos.
Llegamos al camping de Santa María de Valdeón, allí pudimos deleitarnos con las comodidades que nos ofrecía el alojamiento, no se si nuestro origen humilde se podría adaptar al lujo del 2x2 ¿el colchón?....no, la cabaña entera para cuatro.
Debido a que el buche estaba más vacío que mi cuenta del banco obviamos el espartano alojamiento y dimos cuenta de la tortilla, pimientos y un queso que compramos anteriormente en Posada, partida de mus y al sobre.
Al día siguiente y tras sentir la sensación de haber estado durmiendo entre un banco de prueba de motores debido a los ronquidos, llegamos a los lagos más que solos a esas horas.
También aproveché para hacer mi enésima prueba contra-ampollas con un resultado aceptable
Comenzamos pues la marcha en pos del mirador de Ordiales con buen tiempo y la jovial alegría de nuestros cuerpos lozanos siguiendo la senda que parte del Pozo del Alemán bajo la sombra de los pequeños hayedos
Cruzando majadas, vegas y collados llegamos al Collado de la Gamonal (impresionante vista) la primera parada fue el refugio de Vega Redonda donde estuvimos un buen rato parados, comiendo algo y deleitándonos con las vistas de la Torre de Santa María de Enol.
Refugio antiguo
En el nuevo refugio
Ahora el paisaje cambia del todo, desaparece el verdín que nos había acompañado y comienza a predominar la caliza de los jous, claro, que antes de poneros en marcha de nuevo florece uno de los más famosos episodios de cada una de nuestras salidas al monte, ¿y ahora?....¿hacia donde?, no derecha, no….izquierda, no por ahí camina uno…sigamos a los listos, menos mal que el mapa Alpina siempre se encuentra presto en ayudarnos.
Comenzamos a subir entre los últimos neveros por la canal de la Cuenye Cerrada con ciertas nubes que amenazaban con torcernos el glorioso día de montaña que estábamos disfrutando, una vez arriba bien merece la pena parar 1 minuto y tomar aire de nuevo, ahora la marcha se suaviza.
Ya estamos casi llegando y solo quedaba el último esfuerzo, al fondo se ve el Mirador de Ordiales, hasta llegar a este el camino desaparece y cada uno va por donde mejor le conviene.
Una vez allí, las nubes tuvieron a bien engancharse en la roca y no nos dejaron ver nada, y mira que nos asomamos una y otra vez.
Una vez recompuestos nuestros cuerpos a base de chocolates y marisco de cuadra, comenzamos la vuelta, esta vez de un tirón, parando como mucho a beber agua y no es que tuviéramos que batir ningún record, fue por miedo a llegar tarde y que se acabara la mahou.
Tras la foto de rigor, la recompensa en forma de campano cervecil fue más que estupenda.






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