Hay ocasiones especiales en las que uno tiene que hacer las cosas porque sí, por estar en paz con uno mismo, para callar esa violenta voz interior que te recuerda quien eres y de dónde eres.
La oeste del Annapurna, la magic line del K2, la vía del compresor en el Cerro Torre, todas ellas gestas lideradas por grandes héroes nos motivaron un domingo de febrero para ascender hasta el punto más alto de Valladolid (la única provincia española que no forma parte de ninguna sierra), para ello reunimos a lo más granado de nuestro equipo alpino, Boni, Dani, Vero, Meli y un servidor, y así, sin montar campamentos de altura y sin fijar cuerda nos dirigimos a Castrillo de Duero, cuna de guerrilleros, donde teníamos previsto subir no una si no las dos cumbres más alta de nuestra provincia, el alto de Robledaña con sus 931 mts. sobre el nivel del mar situado en Alicante y el cercano Cuchillejos, que sinceramente supongo que andará por ahí también pero ni idea tengo de lo que mide.
En este caso el 3D tampoco es que muestre gran cosa.
Pero por muy sencillo que parezca el reto no hay que subestimar nuestra impericia para la orientación, dejamos el coche justo al lado contrario del pueblo en el que la ruta tiene su inicio confiando en que la única cuesta que vimos nos llevaría a nuestro destino, bendita tecnología satélite GPS pues nos dirigíamos justo en dirección opuesta.
Vimos una cuesta y pensamos...."pa' rriba"
Nuestra capacidad de orientación al menos nos dio la oportunidad de conocer el pueblo
Cruzamos Castrillo en pos de una nueva cumbre bajo una solanera no muy propia de febrero, una vez orientado obviamente la ruta no tiene mayor complicación que la de seguir el camino que sube a los cerros que rodean la ribera del Duero a través de la única cuesta que subimos ese día.
Esta si que era la "cuesta" buena
Aunque parezca el Dakar estamos casi en el punto más alto de Valladolid.
Atravesando unos campos de lavanda vemos a lo lejos el primer vértice del día, el alto Cuchillejos y aunque pareciera lo contrario las vistas, al menos a mí, me parecen bastante bonitas, la pena es que este año las lluvias aún no las hemos visto.
La cosa es que tras el brutal esfuerzo de la rampa llegamos por fin a los 150 mts de desnivel acumulado, a lo lejos se divisa el vértice geodésico que marca el alto de cuchillejos, qué páramo, que soledad, como decía el otro en 10 minutos se pone usted allí, y allí, y allí... Haciendo de nuevo un esfuerzo brutal logro encaramarme al hito para festejar tan gloriosa mañana con un grito mientras suelto la adrenalina acumulada, a lo lejos parece que estamos en el Dakar.
Los ya conocídos como los héroes del Cuchillejos, falta el otro héroe (Boni) que está haciendo la foto
Tras la foto de cumbre de rigor, esta vez no tocaba bocadillo, emprendimos rumbo al Robledaña en torno a una agradable conversación sobre el vino y la crisis mundial.
Lo bueno que ha tenido esta ruta es que no hemos visto la habitual procesión que puedes ver en febrero en guadarrama, plásticos, esquíes, piolos, cuerdas, etc., en tal caso algún arado o un tractor a lo lejos.
Sin pérdida en busca de la segunda cumbre del día
A todo esto sin darnos cuenta vemos una curiosa piedra en medio del camino... como decía la cancioncilla ¿qué será....será?, pues bien, en la piedra había una placa con la que un tal Álbaro (si, si, con B) y una tal Sagrario habían identificado los 931 mts. del alto Robledaña el día 01/05/2001, oye, pues bien, que le vamos a hacer enhorabuena, o felicidades, o que cumpláis muchos años juntos, o no, o yo que sé.
Hito que marca el Robledaña como el punto más alto de Valladolid
Aquí está la prueba de nuestra gesta
Una vez hoyada la segunda cumbre del día nos disponemos a bajar de nuevo por la única cuesta que anteriormente habíamos subido, llegando a Castrillo nos encontramos con la única presencia humana que vimos en toda la mañana y de ahí al coche donde inexplicablemente alguno se puso a hacer estiramientos, no se si inducido por algún tipo de mal o para que no le diera un tirón al montarse en el coche.
La cosa fue que en lugar de las mahous de rigor y viendo la mañana tan magnífica que teníamos todavía por delante decidimos sustituir el sabroso elemento por otro no menos sabroso, el vino dando lugar así a la parte gastronómica de tan memorable club, así que esta vez no hubo mahous si no una cata de riberas.












Menos que esto ya no podemos subir.
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